Salí de mi casa temprano porque tenía una cita
y luego otra diligencia por hacer posterior a ella… Bajé de mi hogar a pie, ya
que mi economía, al igual que muchos y muchas de mis compatriotas, busca como
conservar los recursos lo más que se pueda… Caminé hasta la clínica bajo un
calor típico de nuestro verano, cuando terminé ahí me proponía a hacer la
siguiente parte de mi viaje, siempre a pie.
Unas
cuadras apenas de caminata, cuando me detiene un adulto mayor y me pide con
señales que me quite los audífonos. Atiendo su petición y me dispongo a
escuchar lo que me dirá…
-joven, ¿tiene
usted por casualidad algunas monedas para poder comprar algo de comer?-
Sabiendo que mi economía esta por los suelos, le
respondí que no, que no tenía, que si tuviera con mucho gusto le hubiera
ayudado. Dije eso y me marché... 5 metros después mi conciencia me detuvo.
Sabía que tenía en mi monedera unas cuantas de ellas, saqué 300 colones para el
bus de vuelta y las monedas extranjeras que tenía, el señor vio lo que hacía y me
dice -¿si le sale?- le respondo -si- y le di todas mis monedas al viejo y me
dijo -joven usted tiene un buen corazón, nos veremos en el cielo- y le respondí
-ojalá dentro de muchos años-.
Retomé mi
andar con la bendición del viejo encima, y unas cuadras después veo un carro
con pipas.. el calor era fuerte y la sed no se quedaba atrás… Tenía los 300
colones que aparté para el pasaje de vuelta, pero no me importó, tenía sed y
confiaba que esa deliciosa pipa no pasara de ese valor... Me aproximé al carro
de las pipas y el señor vendedor atendía a otro a señor de pelo canoso. Me
quité mis audífonos y disimuladamente le pregunté al señor vendedor de pipas el
precio de ellas y me contesta- 500 colones-. Ante mi fracaso y corto bolsillo,
me volví a poner de nuevo los audífonos para retomar mi camino...
El señor canoso el cual estaba siendo atendido
antes de que yo llegara había comprado 3 pipas y pagado con 2000 colones, su
vuelto era claro, el valor de una pipa más. Antes de que yo me alejara del
carro de las pipas el señor vendedor me hizo señas para detener mi andar y me
dice -el señor (canoso) le invita la pipa- me quedé extrañado, no sabía cómo
reaccionar, lo más que pude hacer fue sonreír y darle las gracias mientras él
se alejaba.
Me mantuve
unos minutos más con el señor vendedor y le comenté que el señor canoso seguro
vio mi cara de bobo al no alcanzarme para una pipa. Luego me
recordé, reí y le conté al señor vendedor sobre las monedas que
le dí al anciano unos minutos y cuadras atrás y le pregunté -¿será el karma?-
el señor vendedor me contestó, mostrándome además una nueva palabra para mi
jerga -eso no fue karma, fue el "darma"- tuve la risa más emotiva que
he tenido en mucho tiempo y retomé mi camino una vez más hacia rumbo a mi segunda diligencia por
concluir, la terminé y tuve los 300 colones para tomar el bus de vuelta a
mi hogar, pero esta vez regresé acompañado por la pipa del darma...

Gracias por compartir ese nuevo concepto: Darma!
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